
Olor a indios de goma, a Fuerte americano hecho con palitos de madera, a pan con aceite y azúcar en ocasiones, recuerdo de peonzas bolas, chapas y tantos y tantos juegos inventados por la escasez.
A remiendo en los calzones,a tirantes de tela con botones,a mataduras en las rodillas, a zapatillas con los dedos fuera, a azotes en el culo, collejones y tirones de orejas.
Olor a churros por la mañana, a cartapacio de duro cuero, libros manoseados, gomas de borrar y gastados lápices, a estufa de leña, a recreo de media hora, a leche en polvo , queso americano y pupitres
ennegrecidos.
Olor a churros por la mañana, a cartapacio de duro cuero, libros manoseados, gomas de borrar y gastados lápices, a estufa de leña, a recreo de media hora, a leche en polvo , queso americano y pupitres
ennegrecidos.
A tardes de deberes, a las coplas de Farina y Molina, a Antoñita Moreno y tantos mas, a castigo sin salir,a partido radiado a locutores añejos y fasciosos, a himno nacional a cada instante, a anuncio del Cola Cao, a patio con mis vecinas oyendo el serial, a Guillermo Autier Casaseca, a Matilde Vilariño.
Reglazos en las palmas, a Cara al Sol y montañas nevadas,a firmes, a cubrirse, a hambruna, piojos, necesidad y desamparo, eso que ellos llamaron olor a rojo.
A Navidad, a aguinaldo, a pavo con cara de acojonado.
Recuerdos de promesas vanas, escasos Reyes, a abrazo de madre como dolorosa disculpa, a ausencia de padre como esperanza, a puesto de la “ Seña Carmen” a diez de pipas y cigarros de anís.
A tienda de ultramarinos con su corta bacalao, sus moscas y su penetrante olor a rancio, a apuntaselo a mi madre,a señor Panta, a tendero ladrón,
Acostumbrados a madre doblegada, a dictadura de padre,
mi barrio olía a vermut de barril a aperitivo de aceitunas con anchoa, olía a infancia, inocencia, deseo, mi barrio olía a vida.
Reglazos en las palmas, a Cara al Sol y montañas nevadas,a firmes, a cubrirse, a hambruna, piojos, necesidad y desamparo, eso que ellos llamaron olor a rojo.
A Navidad, a aguinaldo, a pavo con cara de acojonado.
Recuerdos de promesas vanas, escasos Reyes, a abrazo de madre como dolorosa disculpa, a ausencia de padre como esperanza, a puesto de la “ Seña Carmen” a diez de pipas y cigarros de anís.
A tienda de ultramarinos con su corta bacalao, sus moscas y su penetrante olor a rancio, a apuntaselo a mi madre,a señor Panta, a tendero ladrón,
Acostumbrados a madre doblegada, a dictadura de padre,
mi barrio olía a vermut de barril a aperitivo de aceitunas con anchoa, olía a infancia, inocencia, deseo, mi barrio olía a vida.


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