
En mi punto de mira,
sutílmente apuntados,
quedan acorralados,
sin ninguna salida.
Soy juez tambien jurado,
de nula burocracia,
una vez condenados,
ya no hay perdón o gracia.
lejos de ensañamiento,
los escucho y no olvido,
van a mi pensamiento,
como muertos en vivo.
Marchan al paredón,
sin poner resistencia,
para la ejecución,
con indoloras letras.
Mis tiros son certeros,
siempre en el blanco aciertan,
mueren como corderos,
los pobres jilipuertas.
Luego abro mi cuaderno,
entierro a los caidos,
para vergüenza de ellos,
en versos escondidos.
Quito y pongo culpables,
fusilando a mi antojo,
cadáveres vivientes,
que mato sin sonrojo.
Muertos de tinta negra,
en un papel cualquira,
en un reves de nota,
o alguna servilleta.
Sin bombas y sin sangre,
sin llanto, sin dolor,
consigo adjudicarme,
mi victoria interior.
sutílmente apuntados,
quedan acorralados,
sin ninguna salida.
Soy juez tambien jurado,
de nula burocracia,
una vez condenados,
ya no hay perdón o gracia.
lejos de ensañamiento,
los escucho y no olvido,
van a mi pensamiento,
como muertos en vivo.
Marchan al paredón,
sin poner resistencia,
para la ejecución,
con indoloras letras.
Mis tiros son certeros,
siempre en el blanco aciertan,
mueren como corderos,
los pobres jilipuertas.
Luego abro mi cuaderno,
entierro a los caidos,
para vergüenza de ellos,
en versos escondidos.
Quito y pongo culpables,
fusilando a mi antojo,
cadáveres vivientes,
que mato sin sonrojo.
Muertos de tinta negra,
en un papel cualquira,
en un reves de nota,
o alguna servilleta.
Sin bombas y sin sangre,
sin llanto, sin dolor,
consigo adjudicarme,
mi victoria interior.


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